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LA VOLUNTAD DIVINA

Cuando la persona actúa de acuerdo con la voluntad divina, su poder se encuentra más allá de las condiciones externas, es decir, es absoluto. Tomemos conciencia de este poder oculto, al que podemos recurrir en cualquier circunstancia.

Al pedir que el Plan Divino se cumpla para nosotros, nos protegemos contra todo aquello que es ajeno a él.

Nuestra felicidad jamás debería depender de algo que deseamos en concreto. Quizás si dejamos de obtener eso que deseamos tanto, más tarde agradeceremos al universo porque así haya sido.

Para todo ser humano existe una perfecta expresión de sí mismo. Hay un sitio que él debe ocupar y que nadie podrá ocupar en su lugar; hay cosas que él mismo debe hacer y que nadie podrá hacer por él, ese es su destino. Esta idea perfecta, sostenida en la consciencia Divina, se encuentra disponible para que el ser humano la reconozca.

La imaginación es una facultad creadora y necesaria para que el ser humano perciba la idea antes de que ésta se realice. Así pues, la invocación más elevada que puede recibir el ser humano se refiere al designio divino de su vida. Lo cierto es que todos tenemos profundamente escondido en nosotros mismos, algún talento maravilloso.

El Plan Perfecto comprende la salud, la fortuna, el amor y la perfecta expresión de sí mismo. Esta es la cuadratura de la vida que trae consigo la felicidad perfecta.

Después de haber hecho una invocación para que se manifieste el designio divino en nuestras vidas y para que podamos comprender con claridad el Plan Perfecto, se producirán grandes cambios vitales. Cuando todo esto no se manifiesta es porque la mayoría de seres humanos están lejos de entender y dejarse fluir en el designio divino.

La expresión perfecta de sí mismo nunca se manifestará como una tarea ingrata, pero tendrá un interés tan absorbente que parecerá como si se tratara de un juego. Aquel que se inicia en la verdad, también sabe que al penetrar en el mundo donde Dios dirige las finanzas, la riqueza necesaria para su más perfecta expresión estará al alcance de su mano. Más de un genio ha tenido que pasar durante años por problemas financieros, pero aquellos que decretan la palabra con fe, liberarán rápidamente los fondos necesarios.

Pide directrices nítidas y el camino te será trazado con facilidad y lleno de éxito. Si evitamos forjarnos una imagen predeterminada cuando pedimos que el Designio Divino penetre en nuestra conciencia, recibiremos la clara inspiración y empezaremos a ver cumplidas grandes cosas. Ahí está la imagen o la idea a la que es conveniente atenerse sin la menor vacilación. Aquello que la persona busca, busca también a la persona.

Los padres jamás deberían imponer las carreras o profesiones a sus hijos. Conociendo la Verdad Espiritual, ya en los primeros años de la vida del niño o incluso antes de su nacimiento, deberían pronunciar la palabra para que se realice el Plan Divino.

Un tratamiento prenatal debería hacerse de la siguiente manera: “Que Dios que está en este niño se exprese perfectamente; que los designios divinos para su espíritu, su cuerpo y sus asuntos se manifiesten durante toda su vida, durante toda la Eternidad”.

“Que la voluntad de Dios se cumpla en lugar de la del ser humano; según el modelo de Dios”. Este es el mandamiento que encontramos constantemente en las Escrituras, y la Biblia es un libro que trata de la Ciencia del Espíritu y que enseña al ser humano a liberar su alma (el inconsciente) de la esclavitud.

El ser humano debe vigilar para evitar ser un “mal servidor” que entierra su talento, para jamás servirse de aquellos dones que entrañan terribles penalidades.

Con insistencia, el miedo impide a las personas expresarse correctamente. El miedo atormenta incluso a los genios; pero puede superarse por medio de la palabra pronunciada; el individuo pierde toda la conciencia de sí mismo y siente solamente que hay solo un medio para expresar la Inteligencia Infinita. Se encuentra entonces bajo la inspiración directa, liberado de todo miedo, lleno de confianza, pues siente al “Padre que hay en él”, y que actúa.

Vemos con frecuencia a personas que retrasan su manifestación por su propia resistencia o bien porque ellos mismos querían elegir su camino. De esta manera, limitan su fe y paralizan la manifestación.

“Mis caminos en lugar de tus caminos” decreta la Inteligencia Infinita. En el caso de cualquier clase de energía, ya se trate del vapor o de la electricidad, es necesario un instrumento que evite ofrecer ninguna resistencia y este instrumento es el ser humano.

Debemos tener una actitud flexible y una fe imperturbable. El objetivo del ser humano es el equilibrio, el dominio de sí mismo. El dominio de sí mismo es su fuerza, pues da a la Fuerza-Dios la posibilidad de fluir a través del ser humano, a fin de “actuar según Su bien querer”. Dueño de sí mismo, piensa claramente y toma rápidamente las decisiones correctas. La suerte jamás le falta.

La ira altera la visión, envenena la sangre: es la causa de enfermedades y decisiones que conducen al desastre. La ira suele incluirse entre los pecados capitales, tanto por sus reacciones como en cuanto a sus efectos maléficos.

El que busca la verdad sabe que la palabra pecado simplemente es sinónimo de error: “Todo lo que es contrario a la fe es erróneo”. Se da cuenta de que el miedo y la inquietud son errores. El miedo es lo contrario a la fe, ya que por medio de imágenes mortales deformadas, provoca precisamente aquello que rechaza. Cuando el ser humano se libere del miedo, será perfecto.

Todo lo que pidamos debe ser perfecto para que se manifieste “por la gracia de Dios y de manera perfecta”. Hay que dar las gracias por haber recibido en lo invisible y prepararse activamente para recibir en el plano visible. Cuando el ser humano pide con fe, siempre recibirá, pues Dios crea sus propias vías. Dios lleva a cabo sus prodigios por medios misteriosos que nunca dejan de sorprendernos.

Con mucha frecuencia nos preguntamos por qué un ser humano nace rico y saludable y otro pobre y enfermo. Allí donde se produce un efecto, hay siempre una causa; el azar es una ilusión. Este asunto encuentra su respuesta en la ley de la reencarnación. El ser humano pasa por numerosas vidas, por numerosas muertes, antes de conocer la Verdad que le permite ser libre. Se siente atraído hacia la Tierra a causa

de sus deseos anteriores insatisfechos, para pagar sus deudas (karma) o para cumplir con su destino.

Por lo tanto, aquel que nace rico y saludable mantuvo en su inconsciente, en el transcurrir de su vida anterior, las imágenes de riqueza y de salud, mientras que aquel que está enfermo y pobre, creó las imágenes de enfermedad y pobreza. En cualquier plano que esté, el ser humano manifiesta la suma total de las convicciones de su propio inconsciente.

Sin embargo, el nacimiento y la muerte son leyes establecidas por los seres humanos. El ser humano real y espiritual desconoce el nacimiento y la muerte. El jamás nace y jamás muere, sino que “está en el comienzo y estará siempre”.

Así pues, por el conocimiento de la Verdad, la persona se libera de la ley del karma, del error y de la muerte y manifiesta al ser humano creado a “imagen de Dios y según su semejanza”. Su liberación se produce cuando ya ha cumplido su destino, haciendo surgir la manifestación del designio divino de su vida. Su señor le dirá: “Está bien, buen y leal servidor, tú has sido fiel en unas pocas cosas, yo te restableceré en muchas (incluyendo la muerte misma); entra en el gozo de tu Señor (la vida eterna)”.





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