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SABER DAR Y SABER RECIBIR

Muchas personas ignoran que dar es invertir, y que atesorar, ahorrar en exceso, conduce invariablemente a experimentar pérdidas.

Aquel que da con libertad será más rico que aquel que ahorra en exceso, pues este solo se hace más que pobre. Dar es lo que abre la puerta para recibir. Para crear verdadera actividad en los asuntos financieros, hay que dar. El diezmo, es decir, la ofrenda de la décima parte de los ingresos, es una vieja costumbre judía que jamás ha dejado de suscitar la abundancia. Son muchos los que, entre los más ricos, tienen la costumbre de ofrecer el diezmo. Esta es la mejor inversión conocida. Recuperaremos esta décima parte bendecida y multiplicada. Pero la donación deberá ser hecha con amor y alegría, pues “Dios ama al dador alegre”. Las facturas deben ser pagadas voluntariamente; todo dinero debe ser entregado sin miedo y será acompañado por una bendición.

Ciertas personas dan voluntariamente, pero se niegan a recibir; rechazan los regalos, ya sea por orgullo o por cualquier otra razón negativa y agotan así sus fuentes. Invariablemente, se encuentran un poco desprovistas de todo.

Es necesario recibir con agradecimiento todo aquello que nos llegue de manera correcta, pues Dios (el universo o como quieras llamarlo) se sirve de muchas vías para enviarnos sus bendiciones. Quien libremente da, libremente debe recibir.

El equilibrio entre dar y recibir existe siempre, y aunque el ser humano debe dar sin esperar nada a cambio, viola la ley aquel que rechaza aquello que le ofrecen, pues todo viene de Dios, y el ser humano simplemente es su canal. Nunca se debe tener un pensamiento de vergüenza con respecto a aquel que da.

Si nuestra tendencia es negarnos a recibir, es necesario aprender, y para hacer brotar las fuentes, saber aceptar lo que se nos ofrezca, aunque sólo sea una tarjeta. El Señor ama tanto a aquel que sabe recibir como al que sabe dar.





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